this post was submitted on 31 Mar 2026
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Literatura en Español

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En esta comunidad puedes publicar tus cuentos, tus capítulos de novela, tu cara poesía, tus sueños literarios, promocionar tus libros, y todo lo relacionado con el arte de las letras en Lengua Española. ¡¡A FALTA DE PUBLICACIONES, PUBLICO LAS MÍAS, PERO TODOS ESTÁN INVITADOS A PUBLICAR!!

REGLAS:

  1. Ciñete a temas literarios, por lo que puedes publicar desde cuentos, novelas, ensayos, poesías, noticias, concursos, etc.

  2. Puedes publicar las veces que te plazca siempre y cuando las historias y capítulos sean diferentes. NO SPAMMES con una sola publicación repetitiva para que no 'suspendan' la comunidad.

  3. Respeto y educación en todo momento.

  4. Por cuestiones de la plataforma, cuya naturaleza es anglosajona, puedes publicar en inglés con enlace a publicaciones en español para lograr un mayor alcance.

Obviamente, también puedes publicar en idioma español.

  1. Puedes escribir y publicar tus cuentos e historias de manera completa si quieres. También puedes colocar un link hacia tu sitio web.

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Siempre que pasaba por aquel lugar lo miraba con insistencia, como si buscara algo o a alguien. Sabía que no iba a encontrar nada nuevo, pero le resultaba imposible romper aquella rutina sin sentido.

La casa permanecía cerrada, sin rostro, sin señales de vida. A veces pensaba que nadie podía habitar un encierro así. Otras, que quizás siempre había estado vacía.

Nunca se acercaba demasiado. Le atraía, pero también le inquietaba. Como si cruzar cierta distancia implicara aceptar algo para lo que no estaba preparado.

¿Qué dirían si lo vieran merodeando allí? ¿Qué explicación podría dar?

Había pensado en tocar la puerta más de una vez. Siempre desistía. No por miedo a que alguien abriera, sino a que no lo hiciera… y aun así sintiera que había sido escuchado.

Observar la casa se volvió parte de su vida. Su existencia, por lo demás, transcurría sin sobresaltos. Por eso regresaba, una y otra vez, a esas ventanas cerradas, imaginando que detrás de la madera alguien respiraba… o recordaba.

Hasta que una mañana todo cambió.

Las ventanas estaban abiertas.

Se detuvo. Sintió un frío extraño, como si el aire alrededor hubiera cambiado de densidad. Dio unos pasos, más cerca de lo que nunca antes se había permitido.

Una de las ventanas estaba apenas entornada. Y entonces los vio.

Unos ojos.

Lo observaban con una tristeza inmóvil, difícil de sostener. No parecían pedir ayuda. Tampoco huir. Solo… esperar.

Parpadeó. No estaba seguro de haberlos visto realmente.

Entonces escuchó la voz:

—Entra.

No supo de dónde venía. Tal vez de la casa. Tal vez de sí mismo.

Rodeó el lugar y llegó hasta la puerta. Cerrada. Como siempre. Pero esta vez no dudó. Empujó… y cedió con una facilidad que no esperaba.

Entró.

El silencio no era total. Tenía una textura, como si algo lo habitara sin mostrarse. Recorrió las habitaciones llamando, esperando una respuesta que no llegó.

No había nadie.

O tal vez no había nadie ya.

Los objetos estaban dispuestos con un orden que no parecía casual. Se detuvo frente a unas figuras. No supo cuánto tiempo pasó mirándolas. Poco a poco, comenzaron a adquirir sentido.

No era una escena. Era una historia.

Recordó —o creyó recordar— una antigua leyenda africana: la de los elefantes que, al sentir cercana la muerte, se apartan de la manada y emprenden un último viaje. Caminan durante días, guiados por algo que no es instinto ni memoria, hasta un lugar donde otros han llegado antes.

Un sitio oculto.

Silencioso.

Lleno de restos que no cuentan cómo murieron, pero sí que todos eligieron llegar.

Dicen que nadie los ve partir.

Dicen que nadie los acompaña.

No supo por qué pensó en eso. Ni por qué le resultó familiar.

Sonrió. O creyó hacerlo.

Siguió avanzando. Encontró libros cubiertos de polvo, casi deshechos. En uno de ellos, apenas legible, había una dedicatoria.

La leyó.

Sintió un quiebre.

Cayó en un rincón, sin saber si lloraba por lo que recordaba o por lo que estaba entendiendo en ese momento.

Tal vez siempre había sabido llegar hasta allí.

Tal vez nunca se había ido del todo.

Afuera, las ventanas permanecían abiertas.

Como si alguien —o algo— siguiera esperando...

... "

--Continua leyendo en https://fictograma.com/--

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