this post was submitted on 31 Mar 2026
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Literatura en Español

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Obviamente, también puedes publicar en idioma español.

  1. Puedes escribir y publicar tus cuentos e historias de manera completa si quieres. También puedes colocar un link hacia tu sitio web.

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La profesora se encuentra en la sala designada para los docentes, cumpliendo horario a través de labores administrativas. Su tiempo de colación terminó y ahora está revisando la planificación de las clases para mañana, asegurándose además de tener los materiales necesarios para las correspondientes actividades. Ha pasado un rato desde que sus alumnos fueron a sus hogares y no puede evitar reír ligeramente al recordar el incidente que tuvo lugar en dicho momento.

Mientras despedía a cada uno de sus estudiantes cuyos padres habían venido a buscarlos, uno de ellos de improviso le dijo a su madre sobre la reunión de apoderados. En primera instancia, se alegró de ver que pudo retener correctamente la respectiva información y los observó irse antes de centrar su atención en el resto de los niños que se reúnen con sus respectivos tutores.

Fue entonces cuando comenzaron uno a uno a repetir el mensaje del que se acababan de acordar al escucharlo del pequeño inexpresivo, extendiéndose por todos los presentes. Sin duda fue un resultado interesante que le pareció encantador de observar. Más aun porque luego de que lograran su objetivo de entregar dicha información, mostraron expresiones satisfechas, como de haber realizado un buen trabajo.

Todavía le queda un tiempo más para terminar su jornada laboral, por lo que decide repasar los temas a tratar en la reunión agendada para este miércoles. Es su primer año encargándose por su cuenta de un curso y quiere asegurarse de que todo fluya correctamente. Aún no pierde del todo el nerviosismo a pesar de haber tenido una reunión previa con los apoderados al comienzo del año escolar, en la cual se presentó, explicó el proceso de adaptación y los objetivos del curso, así como los protocolos y demás aspectos importantes que debía esclarecer.

Los apoderados incluso se mostraron abiertamente satisfechos ante su claro profesionalismo. Aunque esto solo provocó que sintiera más deseos de no defraudar sus expectativas. Por ello es que se toma muy en serio su trabajo y revisa cada uno de los puntos señalados en sus propias anotaciones, ensayando las formas en que pretende abordar los temas, para hablar con propiedad y transmitir confianza.

Entonces da vuelta la página de la libreta y observa otra lista de apuntes. Esta contiene notas sobre aspectos que pensó que sería adecuado abordar respecto de lo que observó en algunos niños en particular. Los escribió aparte para dejar en claro que no hablará de esto en la reunión como tal, sino que les pedirá de antemano a los padres que se queden un tiempo después para conversar sobre sus hijos.

No son asuntos de gravedad, pero considera importante hacer saber a los tutores sobre cualquier detalle observado que pueda ser relevante para el desarrollo de sus pequeños. Naturalmente, uno de ellos involucra al niño inexpresivo, quien en estos momentos se encuentra junto a su madre, mirando uno de los programas infantiles recomendado por otros padres y completamente concentrado en las vívidas expresiones que lo atrapan.

Está mucho más interesado por los gestos que por la historia en sí, ni siquiera fijándose realmente en los acontecimientos, sino exclusivamente en los rostros y la forma en que se manejan las interacciones interpersonales. Parece considerarlo como algún tipo de extensión de sus prácticas para sonreír. Sobre todo cuando la cámara se centra en las caras, porque, aunque las expresiones no se muestran con detalles que sirvan como ejemplo para su entrenamiento, estas se entienden claramente y le sirven en algún sentido como una guía conductual.

En otras palabras, a través de este programa, él de alguna forma analiza en su subconsciente la dinámica relacional y aprende la manera en que se espera que se comporten los niños como él en determinadas situaciones sociales. Paulatinamente va obteniendo curiosidad por algo más que las expresiones que no tiene, pero este desarrollo debe esperar, pues primero debe aprender a sonreír.

La caricatura termina y el resto del día transcurre de la manera acostumbrada, jugando con sus padres, compartiendo la mesa y practicando su sonrisa frente al espejo. Sus esfuerzos se acumulan de forma lenta pero constante. No logra advertir cambios en el reflejo que ve ante sí, pero son al menos suficientes para causar en los padres la impresión de que está sonriendo más que de costumbre. Las rutinarias actividades se extienden al día siguiente, teniendo como únicas diferencias el tamaño de los tallos de las flores sembradas que miran con atención cada día.

La fecha vuelve a cambiar y llega el momento de la reunión de apoderados. Las clases se habían dado con normalidad, con la profesora mostrando su confianza y tranquilidad de siempre, aunque por dentro su nerviosismo se acrecentaba al acercarse la hora de dicho evento.

Una vez habiéndose despedido de sus estudiantes y asegurándose de que todos fueran con sus respectivos tutores, toma su tiempo de colación y aprovecha para despejar su mente antes de continuar con las labores administrativas. Conversa con algunos colegas y, tras terminarse el tiempo de descanso, se dirige con cierta prisa a la sala de profesores. Quiere asegurarse de hacer todo lo que tenía planeado para el día de hoy, considerando que saldrá una hora antes de su jornada laboral, como consecuencia de la reunión de más tarde.

Para cuando había terminado ya era la hora de salida, por lo que revisó sus pertenencias y se fue, despidiéndose de algunos compañeros con los que se encuentra en el camino. Llega en unos quince minutos y dispone de alrededor de dos horas antes de que tenga que ir saliendo para la reunión.

Mientras tanto, el niño inexpresivo va de la mano con su madre. Están dirigiéndose al supermercado, tras haber pasado un tiempo en la plaza cerca de su casa. Normalmente se quedan hasta un poco más tarde, pero quería tener un poco más de margen para tener todo listo para cenar apenas llegara su marido del trabajo y poder alistarse bien para la reunión de apoderados.

Pasean por los pasillos colocando los productos en una canasta de compras y se dirigen sin demora hacia la caja más cercana. Hay pocas personas en la fila y pronto llegará su turno. Ahora estando más cerca, el niño alcanza a ver a la persona atendiendo y se da cuenta de que es la persona que pensó que estaba enojado.

A su edad es normal olvidar gran parte de los sucesos que no presentan suficiente significancia. De manera que el mencionado incidente debería haberse esfumado sin almacenarse en su memoria o a lo sumo quedar perdido en algún lugar del inconsciente. Pero no fue ese el caso. Aunque pueda parecer que el comentario recibido careciera de importancia, en realidad resultó ser algo impactante.

Esto es así porque resultó impactante para él enterarse de que otras personas pueden pensar que está enojado, cuando no lo está. Para empezar, aún no llega a una etapa en la que se acostumbre a cuestionar los propios conocimientos, ni tampoco a pensar en la forma en que se es visto por el entorno. Más aún, cualquier otro infante de su edad habría en ese entonces contestado directamente que no está enojado o en su lugar, por mera curiosidad, preguntar directamente en el lugar si parece enojado.

Sin embargo, eso no ocurrió. En vez de eso guardó dentro de sí el comentario para comprobar su veracidad con una fuente confiable, su madre. En conclusión, una pregunta que pretendía ser inocua terminó cuestionando la imagen que tiene de sí mismo, quien hasta entonces creía ingenuamente que los demás saben cómo se siente.

La espera se había prolongado como consecuencia de un comprador regresando por un producto olvidado, pero finalmente llegó el turno de su madre. Intercambian breves saludos de cortesía, pasan uno a uno los productos y los pagan. Mientras la madre está embolsando y antes de que el cajero fije su atención en el siguiente cliente, su hijo utiliza este breve espacio de tiempo para decir una sola frase: «No estoy enojado».

Después, viendo que su progenitora tiene todas las compras en la bolsa, toma su mano disponible y la mira de una forma que parece instarla a moverse, o al menos así es como lo interpreta ella. Entonces, tras un par de segundos de estar en un estado de incredulidad, recuerda lo que ocurrió anteriormente, mira su rostro y percibe cierto grado de satisfacción en él, provocándole una ligera risa antes de salir de la escena para caminar hasta su hogar.

En estas últimas dos semanas, sus conocimientos sobre el comportamiento de su hijo han aumentado de forma exponencial y ahora es capaz de entender hasta cierto punto lo que hay tras ese rostro aparentemente inexpresivo.

En el incidente previo ocurrido con este mismo cajero, quedó considerablemente confundido al escucharlo preguntar amistosamente el motivo de su enojo. Aunque no miró la reacción de su hijo, por lo que no pudo notarlo en ese instante. Más tarde él le preguntó directamente si parecía enojado y tuvo que hacer uso de todo su ingenio para que comprendiera el asunto.

No se mostró molesto, triste ni preocupado, ya que su pregunta era solamente por curiosidad. Como consecuencia, aprendió que las personas pueden tener ideas distintas sobre un mismo tema, en este caso él mismo. Por lo que entendió a grandes rasgos, es normal que algunas personas piensen que esté enojado, dando por cerrado el asunto.

Al menos eso es lo que creyó su madre hasta este momento. Por supuesto, no es que sea algo que haya estado molestándolo o incomodándolo, mucho menos que carcomiera su mente. Solo que, al ver nuevamente al cajero y recordar el mencionado evento, surge en él la necesidad de corregir la equivocada impresión de esa persona, sobre todo porque el shock de ese momento le impidió recordar haber visto en ese entonces a su madre explicarlo adecuadamente.

Por todo lo anterior, en este momento el cajero continúa atendiendo a los clientes mientras la escena reciente invade sus pensamientos, pues no recordaba el incidente anterior. Es natural, puesto que, aunque fue un momento emocionalmente significativo para el niño, para él fue solo una de las tantas personas con las que comparte breves y fútiles interacciones cada día. Resultó ser más desconcertante aún, porque no pudo identificar que el niño estaba de hecho mostrando la sonrisa que ha estado practicando.

En realidad, su madre no se rio solo por lo adorable que le pareció el comportamiento de su primogénito, sino también porque el trabajador lució un poco desconcertado por ver a un pequeño con rostro inexpresivo decirle que no está enojado y marcharse sin esperar alguna respuesta. Pudo haber aclarado el asunto para sacarlo de la duda, pero deliberadamente no lo hizo porque no le gustó que su frívolo comentario confundiera a su querido hijo...

..."

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