Si viajas por los senderos del bosque de Valdelumbre, puede que te hayas topado con la tiendita del señor Gabriel. Nunca está en el mismo lugar, y nunca al lado del camino. Solo quienes de verdad la necesitan la podrán encontrar.
Agata dobló el trozo de papel y lo guardó con cuidado en el bolso. Avanzó lentamente por el camino flanqueado de espesa vegetación mientras despejaba su mente. Frunció el ceño y empezó a girar la cabeza como si estuviera perdida. Hmm, estoy segura de que ya debería haber salido del bosque, murmuraba de vez en cuando. Al llegar a la primera bifurcación, sacó una brújula y, con gesto pensativo, tomó el camino de la izquierda. Luego se devolvió y tomó el de la derecha. De repente, la aguja de la brújula dio un salto de noventa grados. Ágata aminoró la marcha. Colgando de un tronco había un cartel en forma de flecha que señalaba hacia la espesura. La Tiendita del señor Gabriel, decía. Más allá, dos ventanas parpadeaban entre los torcidos y apretados pinos. Agata guardó la brújula y se apresuró hacia la luz.
Los cascabeles de la puerta resonaron con un eco casi imperceptible. El denso muro de incienso y polvo le arrancó una tos a la visitante.
—Salud —dijo una voz con un extraño acento.
Un hombre alto y delgado surgió de entre las recargadas estanterías. Llevaba una larga túnica blanca y un sombrero de punta. Su rostro de prominente nariz estaba cubierto con una espesa barba castaña. Sonrió, revelando unos dientes tan amarillos que parecían de madera. Agata esbozó una débil sonrisa y el hombre continuó su discurso.
—Veo que está perdida, viajera. Pero no se preocupe, pues sus pasos la han traído al lugar correcto. Dígame qué anhela su corazón y le daré una solución. ¿Una brújula nueva, tal vez?
Agata concentró sus pensamientos en lo que deseaba mientras ponía su mejor cara de sorpresa.
—Como…
—Grabiel todo lo sabe… Grabiel todo lo ve —dijo el hombre clavando sus ojos en ella.
Por un instante, Ágata sintió hediondos dedos en su cabeza, que luego bajaron hacia la boca de su estómago.
Gabriel sonrió de nuevo. Cuando habló, olía a tierra húmeda.
—Pero eso no es lo que realmente desea, ¿verdad? Busca deshacerse del eco de alguien que ya no está. De un dedo que acusa desde las sombras.
—Es mi maestro. Etiqueté mal una de las pociones del escaparate.
—Oh, un desafortunado accidente, ¿sí?
—Exacto, ahora tengo que ocuparme yo del negocio y los clientes no entran a la tienda.
Sin decir más, Gabriel se deslizó hacia atrás y desapareció tras el estante para volver a salir unos segundos más tarde. Extendió unas manos enguantadas con dedos demasiado largos, revelando una pequeña caja de madera. Cuando Ágata la tomó, sintió el peso del metal en su interior.
—Es una caja musical —explicó Gabriel—. Ábrala frente a su acosador y su alma quedará atrapada en su interior. Si gira la palanca, podrá escuchar su voz entre dulces tintineos.
—Perfecto. ¿Y si se rompe?
—Él saldrá, naturalmente. No hay nada peor que un alma añejada en resentimiento, así que cuídela bien.
—¿Cuánto le debo?
—Algo simple, pequeño. Un objeto amado y la promesa de que volverá a visitar al viejo Gabriel.
Agata sacó su brújula y la depositó sobre el mostrador.
—Era de mi padre.
Sin esperar, Gabriel la tomó y se la llevó a la nariz. Su sonrisa desapareció al instante.
—He sido amable contigo. Así que no trates de engañarme, mujer —Gruñó. La brújula resonó con brusquedad sobre la madera.
Agata miró a su alrededor. Algo cambió. El aire se sentía más pesado. Sintió los dedos de nuevo. Esta vez sobre su pecho. Con un suspiro, se quitó la bufanda y la entregó. Gabriel inspiró hondo, hundiendo la nariz en la tela.
—Mmm, sí, sí… Manos de madre. Lagrimas secas. Paseos al atardecer y vientos de verano. Trato hecho.
Agata dio las gracias y se retiró, pero Gabriel la llamó de nuevo.
—Olvidas algo.
—Ah, claro. Gabriel, prometo que volveremos a vernos.
—Gracias, ¡vuelve cuando quieras!
Agata salió y la puerta se cerró tras ella, dejando solo arbustos y el murmullo del viento. Se encaminó con paso decidido por el sendero, pero su brújula no volvió a funcionar...
..."
--Continúa leyendo y disfruta de más textos en su idioma original en https://fictograma.com/ . Únete a nuestra comunidad literaria de código abierto--