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Literatura en Español

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En esta comunidad puedes publicar tus cuentos, tus capítulos de novela, tu cara poesía, tus sueños literarios, promocionar tus libros, y todo lo relacionado con el arte de las letras en Lengua Española. ¡¡A FALTA DE PUBLICACIONES, PUBLICO LAS MÍAS, PERO TODOS ESTÁN INVITADOS A PUBLICAR!!

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  1. Ciñete a temas literarios, por lo que puedes publicar desde cuentos, novelas, ensayos, poesías, noticias, concursos, etc.

  2. Puedes publicar las veces que te plazca siempre y cuando las historias y capítulos sean diferentes. NO SPAMMES con una sola publicación repetitiva para que no 'suspendan' la comunidad.

  3. Respeto y educación en todo momento.

  4. Por cuestiones de la plataforma, cuya naturaleza es anglosajona, puedes publicar en inglés con enlace a publicaciones en español para lograr un mayor alcance.

Obviamente, también puedes publicar en idioma español.

  1. Puedes escribir y publicar tus cuentos e historias de manera completa si quieres. También puedes colocar un link hacia tu sitio web.

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Las luces se encendieron. La puerta metálica se abrió; el ruido del sistema hidráulico de la mesa llenó la habitación mientras esta se incorporaba. Ernesto entró acompañado de un par de EUS; uno de ellos era un hombre blanco, pelo negro, sin barba, nariz fina, de ojos azul claro y de baja estatura; tendría un metro sesenta como mucho. Sin embargo, su cuerpo era un amasijo de músculos hipertrofiados que podían notarse incluso bajo el uniforme, especialmente su espalda y hombros. El otro EUS medía un metro ochenta, de piel más oscura y ojos marrones, con pelo negro y muy corto, casi rasurado. Una cicatriz deformaba un poco su nariz y labio superior. Su cuerpo era tan musculoso como el del soldado anterior, pero no tenía ningún grupo muscular sobresaliente.

—Marcos, ¿cómo estás?

Marcos continuaba atado a la mesa metálica; sus ojos negros como un abismo. Aun con la mordaza, la comisura de sus labios se movió en lo que debía ser una sonrisa.

—Ya veo… aún es pronto. Ya hablaremos en otro momento.

Ernesto y los EUS salieron de la habitación. La puerta metálica volvió a cerrarse y las luces se apagaron.

El tiempo transcurrió; Marcos continuó sumido en la oscuridad. La puerta se abrió una vez más, Ernesto volvió a entrar acompañado de un EUS.

—Buenos días, Marcos.

Un Marcos de ojos negros se esforzó por hablar, pero la mordaza solo permitía la salida de gruñidos.

—Parpadea dos veces si ya puedes controlarte.

Marcos parpadeó dos veces. Ernesto se acercó a él con intención de remover la mordaza. Pero en lugar de ello, se acercó a su oído.

—Mentiroso.

Como una fiera, Marcos empezó a forcejear contra las sujeciones. El EUS se mantenía en alerta. Ernesto se mostraba inmutable ante los intentos de Marcos de liberarse; se alejó despacio junto al EUS y salieron de la habitación, la luz se apagó una vez más. El tiempo trascurrió, Marcos escuchó la puerta abrirse, la luz de la habitación le despertó. Sus ojos tardaron un poco en adaptarse.

—Hola, Marcos. Ya veo que has vuelto con nosotros.

Ernesto le quitó la mordaza; detrás de él, el EUS más grande que Marcos había visto hasta el momento hacía guardia. Un gigante negro, con la cabeza rasurada, de más de dos metros; un cuadrado de puro músculo que le hacía parecer más un armario que una persona.

—Dime, ¿tienes hambre?

—¿Qué me pasó?

Ernesto sonrió.

—Un efecto adverso de la medicación.

—Siempre me dices lo mismo. Joder, tío, esta mierda da miedo. ¿¡Qué me está pasando!?

—¿Qué recuerdas?

—Tenía hambre y fuimos a la cafetería. Después estaba en ese lugar oscuro con manos arrastrándome hacia abajo, diciéndome cosas al oído. Tío, tienes que decirme qué mierda me está pasando.

—Son solo pesadillas. Como te dije, es solo un efecto adverso de la medicación. En tu caso, un episodio de hiperfagia. Algunas personas llegan a desarrollar unos síntomas tan severos que se mueren comiendo; otros, al no encontrar qué comer, recurren al canibalismo o empiezan a devorarse a sí mismos y mueren desangrados.

Marcos se quedó congelado.

—¿Pero qué porquería me han inyectado?

—Tranquilo. No es para tanto, una vez superada la crisis, vuelves a la normalidad y hasta el momento nadie ha vuelto a recaer. En breve te reincorporarás a tu unidad.

Ernesto extendió su mano izquierda; el EUS le entregó un pequeño cilindro metálico. Ernesto desenroscó la tapa, sacando una jeringa.

—¿Qué es eso? —preguntó Marcos.

—Una dosis extra de la medicación.

—¡No me jodas! ¿Me vas a dar más de esa mierda?

Marcos intentó forcejear. El EUS dio un paso al frente. Ernesto le hizo señal de que se detuviera.

—Marcos, ya basta. Te lo avisamos al inicio, hay dosis de refuerzo. Al inicio algunos necesitan más que otros; al final necesitarás solo una al mes. Pero son una necesidad; además, ayudan a controlar algunos de los efectos adversos.

—¡Joder!

Marcos se rindió; esta dosis no le producía esa sensación de malestar de la primera vez. La aguja entró con dificultad en la dura piel de Marcos.

—Ves. No era para tanto.

—Lo que sea. ¿Cuándo me dejarán salir de aquí?

—Ahora mismo.

Ernesto se dio la vuelta y asintió con la cabeza al EUS. La caja de músculos salió de la habitación. Unos segundos después, un par de soldados regulares atravesaban el umbral de la puerta con cajas de herramientas mientras el gigante vigilaba desde afuera. Les tomó a los soldados unos minutos soltar todos los enganches, cerrojos y demás restricciones; Marcos intentó mantenerse calmado.

—Muy bien. Hora de comer.

Ernesto sonreía mientras el EUS gigante mantenía su vista fija en Marcos. Los tres caminaron hasta el comedor. La comida estaba servida. Marcos se acercó a la mesa mientras Ernesto y el gigante le miraban.

—Si empiezo a comer como un maníaco, estaré en problemas, ¿verdad?

—El hecho de que seas capaz de razonar a ese nivel en presencia de comida indica claramente que estás fuera de peligro.

Ernesto señaló la bandeja.

—Adelante.

Marcos miró la comida, a Ernesto y luego al gigante que lo vigilaba atentamente y se sentó a la mesa. Intentó comer con calma; aun así, terminó comiendo mucho más de lo que comería una persona normal. Sin embargo, mucho menos que los primeros días tras la inyección de aquella sustancia negra. Se extrañó un poco de no tener que ir corriendo al baño.

—¿Sorprendido de los cambios?

Marcos asintió.

—Es lo normal. Has estado una semana encerrado en esa habitación. Tu cuerpo se ha adaptado a la medicación. Por desgracia, llevas mucho tiempo inactivo y perdiste la fase de crecimiento acelerado; tu fuerza final será ligeramente inferior a la de los demás miembros del equipo.

—No me jodas, el más débil de la formación, siempre me pasa la misma mierda.

Había un tono de frustración e ira en las palabras de Marcos. El EUS le miró de forma un tanto agresiva. Marcos le devolvió la mirada.

—Tranquilo, no hagas nada estúpido. De todas formas, no puedes luchar contra él. Es uno de los eurosoldados más eficientes del programa; sería un suicidio.

Marcos dejó caer los hombros en señal de derrota.

—No te rindas, aún no está todo perdido. Tras la fase de crecimiento rápido viene una etapa de consolidación; puedes evolucionar tu cuerpo en otra dirección si así lo prefieres.

Marcos levantó la mirada; sus ojos daban señales de interés.

—Tu cuerpo aún está en crecimiento. Puedes mejorar otros parámetros: agilidad, velocidad, incluso tu habilidad de curación… aunque eso duele mucho, imagino que sabes a qué me refiero.

—La única forma de hacer que tu cuerpo aprenda a curar rápido es hiriéndolo.

Ernesto sonrió.

—Correcto.

Marcos miró a sus manos.

—En ese caso…

No terminó bien de decir las palabras, saltó por encima de la mesa contra el EUS. Su rostro de ira cambió a sorpresa cuando el gigante musculoso extendió la mano izquierda y lo atrapó por el cuello en el aire. La presión de aquella mano dura como el acero cortaba la circulación del cuello de Marcos. Un puñetazo al abdomen hizo eco en la habitación; los ojos de Marcos parecían salir de sus órbitas. Venas ingurgitadas se mostraban en su esclera, estaba a punto de perder el conocimiento.

—No, no, no. No te duermas —dijo el gigante con una sonrisa, asestándole otro golpe.

Las venas en la esclera de Marcos reventaron; sus ojos sangraban. Otro puñetazo volvió a resonar.

—No lo mates, Elvin. Aún nos es útil.

El gigante chasqueó la lengua y soltó el cuello de Marcos; mientras aún caía, le asestó otro golpe al pecho. El cuerpo de Marcos salió disparado como un proyectil mientras de su boca escapaba un chorro de sangre; se estrelló contra la pared, el impacto hizo temblar el comedor. Los pocos soldados regulares de los alrededores y el personal de cocina miraban el espectáculo sin ninguna sorpresa.

—El informe decía que era un glotón, a mí me parece una furia —comentó Elvin.

—Y es un glotón. Solo está resentido porque siempre acaba siendo el más pequeño. Tiene un complejo de inferioridad —aclaró Ernesto mientras se acercaba a Marcos, quien perdía el conocimiento.

Marcos despertó en su habitación con un ataque de tos; su cara se retorcía de dolor con cada movimiento y respiración intensa. El sonido de un aplauso leve inundó la habitación.

—¡Bravo! Eso fue muy estúpido.

—Gracias —respondió Marcos con una voz ronca y adolorida.

—No te hagas el gracioso. Esto es una operación militar, pronto estarás entrenando para formar la unidad de soldados especializados más letal jamás vista en la historia… olvídalo. El entrenamiento de verdad empezará pronto; aprenderás a ser disciplinado, te guste o no.

Marcos se quedó callado.

—Vístete, es hora de entrenar.

Ernesto señaló al traje de spandex habitual.

—Creo que tengo todas las costillas rotas y me duele respirar —se quejó Marcos.

—Seis costillas, el esternón y una fisura vertebral. Y me da igual, te vas a levantar de la cama e irás a tu entrenamiento. Así aprenderás a no hacer cosas estúpidas.

—¿Qué pasa si no quiero ir?

—No lo sé. Pero no pienso quedarme para verlo… solo vístete.

Marcos se levantó de la cama adolorido.

—Cuando me rompía los huesos con las piedras, me curaba enseguida. ¿Qué pasa?

—Tu fase de crecimiento rápido ha pasado por tu semana de inactividad, has retrocedido. No te preocupes, ya recuperarás habilidad en el futuro.

Marcos siguió a Ernesto fuera de la habitación. Dos EUS enmascarados esperaban fuera; sus ojos se clavaron en Marcos tan pronto le vieron salir. Marcos los ignoró y se unió a la marcha de voluntarios que caminaban por el pasillo.

—¿No faltan dos de los voluntarios?

—No te metas en lo que no es de tu incumbencia —le contestó Ernesto.

Marcos estaba a punto de decir algo. Pero cambió de opinión; los dos EUS no le perdían de vista. Continuaron caminando, tras girar a la izquierda hacia otro pasillo, atravesaron una de las puertas. La habitación era amplia, contaba con un palco de cristal unidireccional en la parte alta. Otros cuatro voluntarios esperaban.

—¿Esta habitación no es donde se hizo la demostración?

Ernesto sonrió.

—Querías pelear, ¿no? Pues tu sueño se ha cumplido.

Las puertas del otro extremo de la sala se abrieron. Cinco EUS enmascarados hicieron su entrada y se mantuvieron firmes en la distancia.

—Defiéndanse como puedan.

Los enfermeros/entrenadores se retiraron.

—¡Me cago en todo! —blasfemó Marcos mientras veía a uno de los EUS lanzarse contra él a toda velocidad...

..."

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