Capítulo 12
Diferente Amanecer
—¿Crees que alguien nos vio?
—Bueno, ojalá, así sabríamos que hay alguien vivo.
—Me refiero a que si algún—
—Lo sé, solo estaba jugando.
—Ah, ¿sí?, pues juega con la madera que tienes que cortar antes de que se haga de noche.
—Bueno, perdón.
—Tú te lo buscaste, yo haré la cena con lo que encontramos mientras.
—Espera, ¿Por qué no me acompañas?
—¿Para qué?
—Conversar, ¿Qué más?
—Bueno, pero la cena saldrá más tarde.
—No importa, revisa en mi mochila, hay unas donas envasadas que pude traer, las comemos mientras.
—¿Donas?, qué rico, a-aunque deberías priorizar lo esencial…
—No hay nada de malo en algo dulce de vez en cuando.
—B-bien, te lo paso por esta vez —dice Erina mientras mira las donas con ojos brillantes.
Son las 6 de la tarde, el viento helado barre las hojas del campo y agita suavemente la ropa de ambos. Aiden respira profundamente cuando salen de la cabaña, llenando sus pulmones de ese aire fresco, un poco de la humedad de los árboles y de las astillas de la madera cortada con anterioridad. El suelo se siente suave bajo sus pies debido a la lluvia del día anterior, y algunas de las hojas secas que cayeron hoy de las ramas crujen a su paso.
Erina se sienta sobre un tronco cortado, mientras Aiden quita la espada de su funda y la empuña con ambas manos.
—Un segundo, ¿Ayer estabas cortando troncos con esa cosa?
—Sí, ¿Qué tiene?
—¿No la vas a partir?, creí que era una espada de decoración.
—Hmm, pues no —dice mientras apoya la espada en su hombro —. Fue un encargo que hice hace tiempo a una herrería, especifiqué que quería que fuese completamente funcional aún si no fuera práctica de usar.
—Ay, eso debió costar bastante.
—Pues, sí, me costó casi toda la paga de un mes, pero valió la pena, aunque no está hecha para usarla realmente, por los 2 o 3 kilos que pesa.
—¿Sí?, pues si lo dices así, no se ve tan pesada.
—¿No?, ven y haz la prueba —dice clavando la punta de la espada en el suelo y ofreciéndosela a Erina.
Ella se levanta del tronco y se aferra a la empuñadura.
—Se supone que una espada normal debería pesar mucho menos de la mitad que esta, pero es una réplica exacta, por lo que es mucho más gruesa y pesada.
Erina intenta levantar la espada con mucha dificultad.
—Adelante, ataca con ella —dice con una ligera sonrisa en su rostro.
—¡Khg!, ¿por qué cuesta tanto levantarla?
Sus muñecas luchan por mantener levantada su hoja, Erina la intenta balancear de lado a lado, pero la espada parece tener vida propia.
—Uf, bien, ya… ya terminé… —dice mientras apoya el arma en el suelo ofreciéndosela a Aiden y vuelve al tronco en el que estaba.
—Tengo que admitir que tampoco era capaz de empuñarla bien —Recupera su agarre, levantando el filo y apoyándolo sobre su hombro derecho —. Pero cuando la fui a buscar, no la recordaba tan ligera, menos ahora, no sé bien por qué, no es como que haya hecho ejercicio.
Aiden toma nuevamente la espada con ambas manos y se planta frente al árbol.
—¿Tendrá algo que ver con…?
Un golpe horizontal al árbol hace que la madera se abra y rompa, soltando algunas astillas, las cuales caen a sus pies.
—No parece que te cueste mucho.
Aiden retira el arma.
—Si, bueno, no es como que sea ligera como una pluma, no puedo usarla con una mano, pero con dos —dice mientras da un par de cortes al aire —. La clave está en mover los pies también, así no pierdes el equilibrio.
Una vez terminada la demostración, Aiden enfrenta al árbol otra vez, cortándolo otra vez y explotando en astillas de madera saltando por todos lados.
—Oye Aiden, ¿Eso que tienes en el pecho ya lo tenías antes?
La embestida de la espada termina por incrustarla en el árbol, dejándola fija. Aiden voltea a verla.
—¿Qué cosa?
—Este, pues… hace unos días, cuando te estaba curando, en tu pecho, cerca del corazón, noté una especie de punto o círculo raro.
—¿En serio? —dice Aiden mientras estira el cuello de su camiseta hacia abajo para descubrir su pecho, notando que, efectivamente, hay una marca ahí.
—¿Qué mierda…? Pues si que tengo algo aquí.
Hay un pequeño círculo del tamaño de una moneda de poco valor en su pecho, es de color negro con un poco de rojo, no parece ser de un color sólido por completo, y tiene un pequeño relieve que se siente cuando pasa sus dedos sobre él.
—¿Entonces no lo tenías antes?
—N-no, o sea, eso creo.
—No te dije nada porque creía que era alguna marca de nacimiento o algo.
—Pues no, aquí no tenía nada, aunque…
—¿Qué cosa?
—Cuando estábamos en el restaurante, antes de que todo explotara, sentí una punzada muy fuerte en mi pecho, justo en esta zona, no sé si tenga algo que ver.
—Es posible.
—Y de hecho… de hecho…
Aiden da una pequeña pausa y desvía la mirada, para justo después volver a tomar su espada y seguir cortando el árbol.
—Cuando los vi, tirados en el suelo, y a esas cosas encima, me sentí… no sé cómo describirlo bien.
Los estruendosos golpes al árbol hacen que las astillas salten por los aires además de callar su voz.
—Mi cuerpo se sentía caliente, algo se abría paso dentro de mí, como miles de serpientes recorriendo justo desde aquí —Señala su pecho mientras detiene los cortes — arrastrándose y cubriendo toda la parte izquierda de mi rostro.
—Y… ¿Q-qué más recuerdas?
Su respiración está algo agitada, por el esfuerzo físico, o por lo que está por decir, aún así, vuelve a extraer la espada.
—Sentí… o más bien escuché una voz en mi cabeza, me daba la bienvenida y—
Aprieta la empuñadura con sus manos y con una fuerza que no estaba usando antes, corta el tronco, los retazos de madera saltan violentamente en todas direcciones.
—No recuerdo nada más que un profundo odio, no sabía que podía sentirme así, solo quería saltar y partirlos a la mitad…
Como si intentara callar sus pensamientos, corta una y otra vez el tronco, queda muy poco para que el árbol caiga, y este tiembla estáticamente con cada golpe brutal.
—¡Los…!, yo… no recuerdo mucho más, solo el olor desagradable de esas cosas, la rabia y después, el dolor… desperté un momento y vi a esa criatura delante de mí, no sabía bien que me estaba haciendo, pero sé que me dolía, nunca antes había…
Su respiración se agita, aprieta los dientes, y continúa una vez más con los cortes, hasta que con un grito de rabia, atraviesa con un solo movimiento la poca madera que le quedaba al tronco.
Como si se tratara de una explosión, la madera estalla con ese último golpe, las hojas caen descontroladas y las ramas se agitan de lado a lado produciendo un susurro al chocar entre sí. Mientras el árbol cede ante la gravedad y su propio peso, Aiden se mueve lejos de este, esquivando la dirección de la caída.
El tronco emite un ruido ensordecedor y seco al impactar contra la tierra, haciéndola temblar con violencia mientras las hojas saltan por todos lados y las ramas se parten.
—Fue como un destello, un dolor tan intenso como nunca lo había sentido, para luego simplemente apagarse hasta la noche, como si mi cuerpo me hubiera guardado ese dolor para cuando estuviera consciente…
Erina se pone de pie, nota la rabia y frustración en la mirada de Aiden, quien también se encuentra respirando agitado por el esfuerzo físico provocado por terminar de destrozar el tronco de un solo tajo.
—¿E-estás bien?, siento haber tocado ese tema, es solo que desde hace rato que quería preguntarte sobre esa marca…
—No te preocupes, es solo que… —dice da un gran suspiro —Es solo que me cuesta controlar un poco lo que siento cuando me pongo a recordar, no sé por qué.
Aiden toma otra vez la espada con una sola mano, la levanta y con algo de fuerza y el propio peso del arma, clava la espada en el tronco caído, quedando sujeta con firmeza.
—¿Puedes traerme la sierra?, creo que la dejé junto a la chimenea.
—S-sí, ya voy —dice mientras entra a la cabaña a paso acelerado.
Erina, lo siento, yo soy quien quería conversar, y volví incómoda la situación, sé que quizás te sientas culpable por sacar el tema y haberme molestado, pero no miento al decirte que no termino de entender que…
No sé por qué me cuesta tanto controlarme…
Erina sale de la cabaña nuevamente con la herramienta en la mano, la hoja de sierra ondula de lado a lado produciendo un cimbreo ligero.
—Mira cómo hace —dice Erina mientras se planta frente a Aiden y agita la hoja de la sierra horizontalmente, produciendo sonidos ondulantes más fuertes y graciosos.
Aiden ríe —Bien, dámela, solo voy a cortar lo suficiente, podrías entrar y hacer la cena mientras —dice mientras le quita la herramienta de las manos.
—Sí, lo siento, e-este… volveré a la cabañita… —dice mientras se aleja con lentitud.
¿Está incómoda?, mierda, esto…
Que puedo hacer…
—Ah, sí, ¿Erina?
—¿S-sí?
—Te encontré un regalo antes, cuando cenemos te lo entregaré.
—¡¿Un regalo?! —dice con sus ojos iluminados.
—Sí, aunque ya que te comiste las donas no debería darte nada.
—¿Q-qué?, pero eso no fue mi culpa, solo desaparecieron de la caja…
—No importa, iba a dártelas de todas formas, vamos, ve, intentaré terminar rápido.
—Muy bien —dice mientras corre emocionada de vuelta a la cabaña.
Genial, eso funcionó.
Terminemos de una vez.
Luego de una hora, el ruido de fuera al fin acabó, todo el olor a madera cortada y aserrada desaparece poco a poco, el viento ya casi no sopla y el sol se está poniendo en el horizonte, son casi las 8 de la noche.
Aiden entra cargando con un pequeño montón de leña en sus brazos, pero antes de dejarlos en la chimenea, un delicioso olor a carne de pollo asada llena por completo la cabaña. Deja la leña junto al lugar para hacer el fuego, manejando su peso con suma facilidad, como si cargara un par de almohadas.
Con cuidado, se acerca a Erina—
—¿Qué haces?
—¡Ahh!, dios, no me asustes.
—¿No me escuchaste entrar?
—Si, no, bueno, da igual, estoy haciendo algo del pollito que encontramos, acompañado de arroz.
—Luce bien.
—Obvio que luce bien, lo estoy haciendo yo, anda, haz el fuego mientras termino.
Siguiendo la indicación de Erina, Aiden camina hacia la chimenea.
El calor repentino que emanó de la tierra luego de esta abrirse, secó aún más la corteza de los árboles, por lo que debería encender fácil. Toma una porción de astillas de madera pequeñas y las acumula como base, para luego dejar trozos más gruesos encima. Chispas saltan del mechero, para abrirle paso al fuego, el cual comienza a quemar los bordes de las astillas, soltando un ligero olor a quemado, aún así, no tardan en encenderse y envolverse en las llamas, consumiéndose poco a poco.
Todo el humo comienza a subir por la chimenea, y el calor que emana se hace más presente. Aiden toma el atizador que se encontraba apoyado en la pared y ajusta un poco la madera antes de comenzar a ayudar a Erina con la mesa.
Pero…
La mesa ya está ordenada, pero aún falta que Erina termine la comida, mierda, el olor solo hace que mi estómago ruga aún más…
Tengo mucha hambre, me da a mí que no bastará con repetirme, espero que haya hecho de sobra.
Últimamente mi cabeza da vueltas cada vez que tengo hambre, como si tuviera un vacío en el estómago, nunca me había pasado.
No puedo decírselo a Erina, volverme un problema más es lo que menos quiero.
Aiden se sienta en la mesa y acerca su mochila hacia él, hurgando en ella unos segundos hasta encontrar lo que busca.
—Aquí están.
—¿Qué cosa? —Interrumpe Erina junto al ruido de los platos siendo acomodados sobre la mesa.
—Esto… —Aiden sigue con su mirada la comida que Erina está dejando frente a el.
—¿Es mi regalo?, déjame ver, anda —dice mientras intenta meter la mano en el bolso.
—Primero comamos, estoy muriéndome de hambre.
—Buu, está bien.
Aiden observa con atención a Erina mientras ella se enfoca en dar el primer bocado, y una vez lo da, se sumerge en el suyo, comiendo como si no lo hubiera hecho hace días.
Carajo, que rico está esto.
Devora la comida como si fuera un animal, Erina no le presta demasiada atención, solo pasan un par de minutos hasta que se le ocurre mirar hacia el frente y—
—¡¿Te lo comiste todo ya?!
—Oh, sí —dice mientras se saborea los labios —¿Queda un poco más?
Erina suelta una pequeña carcajada —Sí, sabía que querrías más, te rellenaré más el plato esta vez.
Y así lo hace, rellena el plato con una pequeña montaña de arroz junto a un par de pechugas de pollo.
—Aquí tienes —dice mientras le acerca el plato nuevamente.
—Genial, gracias, eres la mejor —dice mientras se sumerge en su plato, esta vez sin esperar.
Erina solo sonríe mientras lo mira comer.
—Oye, ¿Siempre has comido así? Eso es una barbaridad.
—Pues no —dice con la boca llena, para luego tragar —. No sé por qué últimamente tengo muchísima hambre, generalmente cuando volvemos de una excursión, o hago algo de ejercicio.
—Entiendo, ¿Y tu brazo izquierdo ya no te duele?
Aiden para de comer un momento, pensando en que responder.
—Sí, no, no lo sé bien, solo se siente incómodo, no sé cómo debería estar, nunca me han empalado antes —dice mientras esboza una pequeña sonrisa.
—¿Seguro?, ¿No quieres que te lo re—?
—No te preocupes, toma.
Toma con rapidez algo de la mochila, y lo acerca a Erina.
—Este es tu regalo…
—¿Esto?, ¿Es una memoria?
—Sip, es una memoria USB, cuando pasamos junto a esa tienda de electrónica, tomé un par, son de la mejor calidad que había ahí, deberían costar bastante, pero no había nadie en el lugar, así que me atendí solo —dice mientras continúa comiendo.
—Oh, comprendo, pero ¿Por qué una memoria?
Aiden da un último bocado, apenas queda arroz en su plato y no hay rastro del pollo.
—¿Cuánto tiempo ha pasado desde que todo comenzó?
—Hmm, pues déjame pensar —Erina se lleva una mano a la barbilla —. Creo que casi unas dos semanas.
—Entonces queda poco tiempo. Esta ciudad tiene la suerte de tener una red eléctrica posiblemente automatizada, no lo sé muy bien, pero es lo que nos ha mantenido con energía hasta ahora.
—Oh, sin gente que se haga cargo, no tardarán en fallar, ¿No?
—Sí, nos quedaremos sin luz tarde o temprano, sé que intentamos buscar señales telefónicas sin éxito, pero llegará un punto en el que deberemos dejar los celulares atrás.
—Lo sé… pero, ¿Qué tiene que ver la memoria que me diste con todo eso?
—Esa memoria es tu oportunidad para guardar todos tus recuerdos más preciados, y así en un futuro, si es que todo esto termina, no tengas que depender de tu memoria, y puedas revivir lo que querías conservar.
Erina abre bien los ojos.
—Ya veo, asumí que eran para otra cosa, ya que tampoco tenemos computadoras, me siento algo tonta.
—No te preocupes, yo tampoco me había dado cuenta, es solo que cuando estábamos fuera mencionaste sobre el por qué no se ha ido la luz aún.
—No, no, a ti se te ocurrió primero… gracias Aiden, te juro que no sabía el valor de lo que me estabas dando, pero ahora sí. Pero, ¿Cómo lo cone—?
—Con esto —dice Aiden mientras que, con los ojos cerrados y una sonrisa, le extiende un pequeño aparato —. Es un adaptador, así puedes guardar todo lo que quieras, más aún considerando que tomé las memorias con más capacidad que había en la tienda… ¡Bah!, no las extrañarán.
—¿Memorias?, ¿Tomaste una para ti también?
—Sí, pero no tengo nada que guardar en ella, solo la tomé por… avaricia supongo.
—Oh, ¿En serio?, eso es algo triste.
—No te burles.
—No me burlo, o sea, vivíamos una época en la que podías registrar todo lo que quisieras en un par de segundos, ¿Y tú no tienes nada?
—Bueno, debí aclararlo mejor, quería decir que no tengo nada que valga la pena guardar, no me gusta tomar demasiadas fotos, o nunca sentí la necesidad de preservar algo…
—¿Qué hay de tu familia?, ¿tus padres?, ¿alguna n-novia?
—Creo que… no soy alguien a quien le guste recordar, más bien siento que es una carga. Nunca me han gustado los recuerdos, fotos pasadas, o cosas así, me ponen… incómodo. Así que no tengo a nadie que quiera conservar realmente.
—Entiendo… —dice Erina mientras baja la mirada.
—Siento ponerte triste, eso es lo que pasa al rebuscar demasiado en mí.
—Pero eso es algo bueno, no deberías guardarte cosas así.
—Sí, lo sé. Suelo enfrentar lo que está delante de mí, pero no sé cómo luchar contra aquello que no puedo ver. No tengo demasiadas opciones.
—Pues, yo creo que hablar sobre lo que sientes es una forma de luchar, pero a veces, no todo puede resolverse así… a veces solo puedes aceptarlo.
Aiden baja la mirada ante la afirmación de Erina.
—Creo que tienes razón… pero por ahora no se me antoja seguir luchando —Bosteza—. Estoy muy cansado y ya se hizo algo tarde, debería ir a la cama.
—Bueno, sí, yo también tengo algo de sueño. No te preocupes, ve a dormir, yo me ocupo de los platos.
—¿De verdad?, entonces gracias, así me pagas mis donas.
Aiden se retira de la mesa y camina con tranquilidad a su habitación, dejando a Erina sola tras de él. Los pasos resuenan en la madera rechinante hasta desaparecer por completo.
Aiden…
No me imagino toda la soledad por la que has pasado, tanta, que ni siquiera quieres que tu familia forme parte de tus recuerdos.
Pero no tienes que huir de lo que sientes, ni tampoco tienes que luchar solo.
Estoy aquí...
..."
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